Entonces me parecía ser el mundo la obra de un dios atormentado y dolorido. Sueño me parecía el mundo, invención poética de un dios: humo coloreado ante los ojos de un ser divino insatisfecho. Bienes y males, alegrías y dolores, el tú y el yo, humo coloreado ante los ojos creadores. El Creador quiso apartar la mirada de sí mismo, y creó el mundo. (...) Un mundo eternamente imperfecto, deficiente trasunto de una eterna contradicción, gozo delirante de su imperfecto creador, eso me parecía el mundo. (...) ¡Ah, hermanos míos! Aquel dios forjado por mí no pasaba de ser obra humana y delirio humano, al igual que los dioses todos. (...) Pero «aquel mundo» permanece muy oculto a los ojos del hombre, aquel inhumado mundo deshumanizado no es sino una celestial nada; y las entrañas del ser no le declaran nada al hombre, al no ser en forma de hombre. (...) Siempre miran hacia atrás, hacia los tiempos oscuros. Entonces el ilusionarse, el alocarse y el creer, resultaban ser por cierto muy diversos: el delirio de la razón era semejanza con Dios, y el dudar era pecado.
martes, 21 de abril de 2009
Entonces me parecía ser el mundo la obra de un dios atormentado y dolorido. Sueño me parecía el mundo, invención poética de un dios: humo coloreado ante los ojos de un ser divino insatisfecho. Bienes y males, alegrías y dolores, el tú y el yo, humo coloreado ante los ojos creadores. El Creador quiso apartar la mirada de sí mismo, y creó el mundo. (...) Un mundo eternamente imperfecto, deficiente trasunto de una eterna contradicción, gozo delirante de su imperfecto creador, eso me parecía el mundo. (...) ¡Ah, hermanos míos! Aquel dios forjado por mí no pasaba de ser obra humana y delirio humano, al igual que los dioses todos. (...) Pero «aquel mundo» permanece muy oculto a los ojos del hombre, aquel inhumado mundo deshumanizado no es sino una celestial nada; y las entrañas del ser no le declaran nada al hombre, al no ser en forma de hombre. (...) Siempre miran hacia atrás, hacia los tiempos oscuros. Entonces el ilusionarse, el alocarse y el creer, resultaban ser por cierto muy diversos: el delirio de la razón era semejanza con Dios, y el dudar era pecado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario